Entre las actividades de la dirección de una organización se incluye la gestión de sus procesos. La dinámica de esta gestión consiste, por una parte, en determinar y desarrollar objetivos, según una estrategia de mejora continua previamente definida, y por otra, efectuar los ajustes necesarios para alcanzar esos objetivos.

Las características que identifican a los objetivos de un sistema de gestión son las siguientes:

  1. ser medibles, es decir que puede conocer el grado de consecución de un objetivo (por ejemplo: reducir el 4% el número de accidentes con baja)
  2. ser alcanzables, para que se puedan lograr con flexibilidad,
  3. estar coordinados,
  4. ser desafiantes y comprometedores,
  5. involucrar al personal,
  6. poder desarrollarse en planes de actuación.